Unimetro
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5:15 am. Domingo 22 de Noviembre de 2020
Opinión
5:15 am. Domingo 22 de Noviembre de 2020

Según Benedetti, al momento de justificar su conveniencia política histórica, pasando por Cambio Radical y apoyar a Vargas Lleras, de ser un alfil de Uribe Vélez, de trabajar con Santos y la U, ahora afirma sin espabilarse que siempre ha sido de izquierda y que su afinidad con Petro ha sido desde siempre, desdibujando su propia historia, como si por un agujero de gusano, el Benedetti que conocíamos hace un par de semanas se lo tragara un universo paralelo y nos trajeran este nuevo político social, de izquierda pura y dura que además desconoce el centro de la política y es aplaudido en las filas izquierdistas radicales, siendo el nuevo iluminado que se le ha revelado la verdad.

En sus palabras, afirma el Senador, que en la teoría política nadie ha podido decir que existe el centro, que tal vez en Colombia exista algo similar, pero es una especie de paraguas al que se acogen los que les da pena decir que son de derecha o que son de izquierda pero que ideológicamente nadie puede defender que existe dicha postura política y lo que son, los del centro, corresponde a un grupo de reprimidos, solapados e hipocritones.

Con asombro, cita Benedetti proyectos en los que ha participado, relacionados con las libertades individuales y no con la izquierda, como lo concretiza. El mismo senador, afirma en una entrevista, contradiciéndose, que dichas libertades realmente no son de izquierda ya que Mao Tse Tung, Fidel Castro, el Che, Stalin coartaban esas libertas individuales y hasta fusilaban homosexuales, entre otras afirmaciones que intenta dilucidar para justificar su conveniencia partidista.

Cómo les molesta a los extremos que existan dudas, inquietudes y razones para cuestionar. El problema de criticar el centro, señores de la derecha o la izquierda extrema, es que criticas el hecho mismo a preguntar, a dudar.

¿Por qué no puede existir una ideología que apruebe que la empresa sea libre con el menor número de restricciones posibles, con autonomía de la voluntad privada, apoyando la generación de empleo y que al mismo tiempo proteja la libertad individual, el libre desarrollo de la personalidad, la diversidad cultural y el medio ambiente? ¿Por qué no puede existir una ideología que considere que la protección de la propiedad privada nada tiene que ver con una posición conservadora de las libertades individuales, de rezar a las 6am y 6pm y de prohibir el aborto o el consumo de dosis mínima? ¿Por qué políticas ambientalmente correctas no pueden ir de la mano de un empresariado responsable, consciente y capaz de no pensar sólo en el lucro personal, que cuide el medio ambiente, sea rentable, respete al trabajador y permita el bienestar social?

El tema es de adeptos, no de posibilidades. En retórica es claro que “divide y reinarás”. En las falacias argumentativas es diáfano que darle tiempo a muchas preguntas y cuestionamientos derrumban verdades aparentes que se creen ingenuamente ante un poco de análisis y profundidad. El miedo que tienen los extremos al centro es que tiende a ser más coherente en una sociedad posmoderna que ya no cree en sus verdades absolutas.

Que no toca tomar un paquete político sí o sí, me guste o no, con sus pros y contras sin realizar el respectivo purgue de sus peros y adecuarlos a un bienestar general; porque esa supuesta falta de carácter de los del centro deviene de la crítica típica del radical político que tiende a odiar el hecho de que en la sociedad puedan convivir todos; que los del centro saben que no es necesario dividir, que no se tiene que excluir para que voten por un candidato; que no toca sacrificar una empresa para poder practicar la libertad sexual, que no toca eliminar la propiedad privada para aprobar la dosis mínima y personal, y que no toca practicar una religión particular para poder desarrollar proyectos productivos, capitalistas, ambientalmente responsables y de talla mundial.

Desde ya nos están polarizando. Eso sirve en términos de partido, de votos, de empresa electoral. Todos tenemos el grupo familiar donde si criticas una política de aquí o de acá, en el mismo grupo, en la misma familia, eres tan radical de derecha como de izquierda, una especie de doble cara dependiendo del radical que te critique. Porque en eso sí que coinciden ambos bandos radicales: Ambos odian el centro porque no les sirve; ellos necesitan dividir para calmar el rebaño y los políticos tradicionales de turno ya están tomando partido y mostrando sus caras. ¿Caeremos como siempre en el juego irónico de ser los bobos útiles, donde seremos la maquinaria de los extremistas, donde llenaremos de odio, miedos y venganzas nuestros discursos para no leer programas políticos? ¿Caeremos por siempre en lo mismo?

Afirmar que una ideología de centro no tiene criterio es reprochable desde todo punto de vista. Los principios del centro tienden puentes entre los extremos y eso en sí mismo es una ideología. Que no guste a derechistas e izquierdistas es otra cosa, pero si algo tiene contenido político claro y definido es una posición dialogante, que es tolerante con el tolerante e intolerante con el intolerante.

Los extremos acusarán de tibios al centro, sin duda; pero el centro jamás dejaría en las manos de un radical de izquierda un país que necesita educación política, desarrollo económico y la promoción empresarial; pero de la misma manera el centro jamás votaría por un político excluyente que discrimine la población por sus elecciones sexuales, religiosas o de libre desarrollo de la personalidad con excusa para promover un mejor país económicamente.

Para los extremistas, los del centro siempre se venden al mejor postor, entregan el país al contrario porque si no estás con ellos, estás contra ellos. Porque el día que comprendamos que de nada servirá una sociedad viable económicamente que contamine el ambiente por la viabilidad empresarial, que sea excluyente, abuse del control estatal y uniforme al ciudadano bajo la excusa de una moral particular, ganamos todos; pero igual, cuando comprendamos que un país quebrado donde se respeten las libertades individuales y huyan los empresarios al imponerles impuestos inviables, expropiaciones injustificadas, obligaciones económicamente frustrantes y populismos desde el sector público estatal, no sirve a ninguno.

Es que es válido decir que ni fú ni fá. Ni derecha ni izquierda. Es que ni lo uno ni lo otro. Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre. Ni chicha ni limoná. En este mundo multicolor, ser blanco o negro está bien pero nunca estará bien que me obliguen a serlo con miedos, intolerancias y discursos de odio. Depende de nosotros exigirles la corrección de sus discursos y no caer en sus conveniencias. Porque desde ya sabemos que la cosa estará así, polarizada, dividida y excluyente. A tomar bandos, dirán. Dependerá de nosotros.

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