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2:44 pm. Viernes 07 de Enero de 2022
Opinión
2:44 pm. Viernes 07 de Enero de 2022

La muerte de Andrés Salcedo González la madrugada de este viernes 7 de enero es un peldaño más que cae, de esos escaladores del periodismo deportivo de la Costa Caribe, que marcaron hitos importantes y dejaron grandes legados para las nuevas generaciones del noble arte de la comunicación. A sus 81 años de edad, no existía quizás algún amargo presagio que pudiera alertar sobre su partida. Quebrantos sí de salud, como todo ser humano entrado en edad y en la etapa final de existencia; pero no para creer que silencioso e intempestivo su corazón se fuera a apagar definitivamente.

De aquellos legendarios gladiadores del periodismo deportivo de Barranquilla, del Caribe y que enaltecieron la profesión más allá de las fronteras, poco queda ya. Las últimas desapariciones de los Abel González, Fabio Poveda, Roger Araujo, Tomás Barraza, Juan Illera Palacio, Edgar Perea, Mike Schmulson y otros, sin ordenar cronológicamente la historia, agota ya sus capítulos.

Andrés Salcedo González, polifacético en el arte del periodismo se inició bien temprano en la localidad de Santa Cruz de Mompox en el departamento de Bolívar. Su versatilidad y manejo de la locución le avaló para ser llevado a Valledupar donde ejerció como director en la Emisora Guatapurí, colocándola en primerísimos lugares de sintonía y luego a Medellín donde ejerció en Radio Nutibara. En Barranquilla, fue la voz comercial de Carlos Arturo Rueda en Todelar en los años 60.

Su espíritu aventurero le llevó a Europa, especialmente a Alemania donde se convirtió en el narrador de fútbol alemán. Es recordado por las traducciones al español que hizo del fútbol de la Bundesliga. Durante más de 20 años se paseó por escenarios deportivos europeos y su voz fue identificatoria de “El Mundo al Instante” una franja noticiosa para muchos países de América Latina.

Apasionado del deporte, especialmente del béisbol, boxeo y fútbol estuvo presente en nueve campeonatos mundiales y Juegos Olímpicos; pero ya nostálgico por su tierra y por su Junior de Barranquilla regresó a Colombia en los noventa. En Bogotá fue comentarista y presentador de un noticiero y de programas de radio, para finalmente aterrizar en su terruño natal. Sus crónicas en el semanario de El Heraldo Deportivo que dirigía Fabio Poveda, donde compartimos temas y análisis del deporte, le granjearon el reconocimiento de las nuevas generaciones del periodismo. Y su faceta de escritor le llevó a publicaciones de libros como El día que el fútbol murió y Barrio Abajo.

Se convirtió en la voz oficial que identifica casi todos los programas y al propio canal Telecaribe. Tras haber anunciado su retiro del periodismo para dedicarse más a escribir libros, Andrés Salcedo se radicó hace algunos años en Puerto Colombia. “Desde aquí puedo contemplar la inmensidad, la belleza y lo apacible del mundo a través de las olas del mar, nos dijo alguna vez cerca del viejo muelle cuando fuimos invitados por la secretaría de cultura el municipio para hablar del fútbol de Colombia y de la historia del Junior, cuyo libro Alma y Pasión caribe, pudimos presentar en el evento".

Por la amistad de su hermana Angela Salcedo Picón (fallecida hace algunos años) con mi esposa Silvia, compañeras en la educación, y su parentesco con Anita, esposa del fallecido Tomás Barraza Manotas, varias veces coincidimos y compartimos en actos sociales. Resultaba no sólo agradable, sino sustancioso en el aprendizaje y conocimiento que de manera divertida por su característico buen humor y manejo populacho de él pudimos asimilar.

En una de sus famosas crónicas titulada “El Amor que nos complica la Vida”, en la que describe parte de su niñez en el barrio San Roque donde nació, y de Rebolo, “donde se habla el idioma esquinero y descomplicado”, narra haber sido testigo de los paseos que Heleno De Freitas, el genial brasilero de los 50 en el Junior, en su carro Pontiac verde recorría las grises calles del barrio.

Esa bella prosa la incluímos atrevidamente, pero con su complacencia, en el libro Alma y Pasión Caribe, de nuestra autoría. De esa bella narrativa, extrajimos el siguiente texto:

“En San Roque, mi barrio, convivían puerta a puerta, ricos arruinados, blancos negreados, y negros blanqueados. Los unía la esquina. El Picó. La pobreza. Y, por encima de todo, el fútbol, una de las pocas cosas parecidas a la esperanza en aquellas calles donde comenzó la leyenda del Junior”.

“El Junior es símbolo de la ciudad que se fue y de la que se arma y desarma como las carpas de los gitanos. Y un símbolo de lo que somos. Gente sencilla. Sin alcurnia. Novelera. Perrateadora. Inconstante. Según creemos, el Junior nos reivindica, compensa y desagravia por las injusticias sufridas y por la tirria que nos tienen en otras partes”.

Como bien tituló una de sus geniales obras “El Día en que el Fútbol Murió”, así podríamos calificar su partida: "El día en que parte del periodismo deportivo dice adiós”.

¡PAZ EN SU TUMBA...!

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