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Cuando los sueños y la alegría surcan el cielo, convertidos en cometas

Por estos días, en lo alto del cielo barranquillero se aprecian a lo lejos innumerables objetos de grandes y pequeños tamaños. Algunos coloridos y otros no tanto, pero con mucha creatividad en sus diseños.  

Estos, de la mano de la alegría de grandes y chicos, y de un sol ya casi resguardándose en las olas del Mar Caribe, hacen culminar con un buen vuelo de cometas los atardeceres del mes de agosto.

Toda esta mágica tarde la disfrutamos en el nororiente de la ciudad, más exactamente en el barrio Las Flores. Allí, entre el polvo incesante de un parqueadero de tractomulas y un pequeño botadero de basura, se vislumbran al finalizar la tarde un sinnúmero de cometas, adornando el cielo barranquillero y piloteadas desde abajo por más de una decena de chicos.

Son aproximadamente un grupo de 10 a 15 niños que, desde las tres de la tarde, luego de sus labores educativas, se dejan seducir por algo que los apasiona mucho, en un mes donde las brisas hacen de las suyas y les dan la posibilidad para que vuelen sus cometas. 

"Por las mañanas vamos toditos a la escuela, pero ya por la tarde nos encontramos acá y volamos nuestras cometas", afirmó Jean Carlos, un joven de 16 años, que cuando llega agosto, le gusta realizar este hobby.

Estas coloridas cometas se avistan en el horizonte para el deleite de todas las personas que circulan por esta zona, a pie o en vehículo, por la prolongación de la Vía 40 hacia el corregimiento La Playa. 

Las cometas se comercializan por toda la ciudad en este mes. Sin embargo, para este caso, son diseñadas y elaborados por los mismos niños y jóvenes del barrio Las Flores que, al final de la tarde, las llevan a vuelo. 

"Podemos encontrar papagayos, cometas grandes y pequeñas, y los cometones (llamados así por tener un tamaño mayor a un metro", asevera Carlos Rada, habitante del sector quien lleva a su hijo todas las tardes a realizar esta divertida práctica.

Según Andrés Ramos, joven del barrio, estos juguetes aéreos se pueden hacer con cualquier tipo de papel, en los que destacan el cometa y el periódico. Las más económicas se fabrican con bolsa plástica. 

"A mí me gusta hacerla de bolsa (plástica). Me gasto menos porque la encuentro en casa y pesan menos cuando las pones en vuelo con un buen rabo o cola", indicó Ramos.

A los jóvenes y niños les importa poco que la zona de "vuelo y aterrizaje", como ellos la llaman, comparta sus límites con el botadero de basura, ya que a la final, como ellos dicen, la alegría que les deja cada tarde de cometas, opaca su cercanía.  

Esa alegría se ve en la cara de grandes y chicos. Uno de estos es el pequeño Juan David, un niño de apenas 9 años que cursa tercero de primaria. Desde empezada la tarde, con cometa al hombro, emprende una pequeña caminata hasta la zona de vuelo, para llevar al aire la suya.

Como él, son muchos los niños que por estos días aprovechan las tardes o los fines de semana para hacer volar la imaginación. 

Esta práctica se convierte en un buen motivo para salir de casa, en familia, visitar un parque o un buen lugar para poner no solo a volar nuestras cometas, sino también nuestras molestias y contrariedades.

De esta manera, los sueños y la alegría de niños y adolescentes de esta zona surcan el cielo barranquillero, convertidos en cometas.
 

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