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5:05 am. Viernes 15 de Enero de 2021
Opinión
5:05 am. Viernes 15 de Enero de 2021

Sombras de dudas al manejo que se le ha dado y que seguirá dándose a futuro al caso de la pandemia Covid-19 en nuestro país es la precepción creciente de la gente, no solo por el incremento desmedido del contagio y muertes, sino por los anuncios sobre las medidas correctivas y soluciones a través de las vacunas próximas a aplicarse.

Cada vez se cree menos en las manifestaciones del gobierno en cabeza principalmente del Presidente Iván Duque y el Ministro de Salud Fernando Ruiz. Desde que se desbordó la llamada segunda ola de contagio o rebrote, como prefieren calificar algunos, los entendidos en la materia han cuestionado la parsimonia y la poca efectividad de control por parte de las autoridades gubernamentales.

El reiterativo llamado a la gente, las manidas frases y señalamientos de indisciplina social y las desgastadas normas de bioseguridad, han dejado de ser creíbles porque el pueblo en general no percibe que por parte de los controladores de la pandemia se adopten medidas precisas. Para el gobierno ha sido fácil y cómodo echar la responsabilidad a la gente mientras prefiere seguir dando vía libre para la denominada “reactivación económica” en mano de los empresarios y grandes emporios financieros bajo el argumento de recuperación de empleos.

Bien sabido era que la temporada decembrina con fiestas de Velitas, Novena al Niño Dios, Navidad del 24 y el 31 de diciembre contribuiría a la expansión de la enfermedad. Sin embargo no se adoptaron medidas estrictas y contundentes, especialmente como el control de distanciamiento y uso del tapaboca que debieron ejercer las autoridades, sino que se dejó al libre albedrío con la excusa de reactivar la economía del comercio. Las consecuencias se están mostrando en este primer mes del 2021.

Pero hay algo más: el Presidente Duque anuncia, de manera tardía, según los especialistas, las primeras vacunaciones para el mes de febrero, tiempo después que las mismas han sido aplicadas en otros países de Europa, Estados Unidos y América del Sur. Al cuestionarse tal retraso, el gobierno responde que es porque la compra de las vacunas se hace después de copar las regulaciones mínimas para garantizar la efectividad a los colombianos.

Además, llama la atención los anuncios de que se abrirá el abanico de posibilidad para que empresas privadas de salud por cuenta propia puedan negociar la compra de vacunas; es decir  la privatización de las vacunas quedara en manos de las –creemos-EPS- las mismas organizaciones de salud tan nefastas y desacreditadas en Colombia. He ahí, una voz de alerta sobre lo que nos espera en el futuro inmediato.

Mientras tanto,  la Vicepresidente Marta Lucía Ramírez se pavonea en reuniones para poner a punto el plan piloto con "emprendedores de a pie”, que incluye temas como la llamada “economía azul” para la reactivación segura del sector informal y el laboratorio social para la formalización laboral. Curiosamente en Barranquilla, el conversatorio con trabajadores informales en el Auditorio Centro de Convenciones Puerta de Oro, con participación del alcalde Jaime Pumarejo, “por razones de bioseguridad”, no permite el acceso de los medios de comunicación a los sitios donde se desarrollaría la agenda de trabajo. Las oficinas de prensa de Vicepresidencia y de la alcaldía de Barranquilla enviarían material de texto, audio, fotografía y video. Así mismo, los eventos se transmitirán por la página web y redes sociales de la Vicepresidencia y de las alcaldías. ¿Por qué se impide la presencia der los medios que son los que divulgan la información?

De otra parte, mientras órganos de control como la Procuraduría y la Contraloría requieren al gobierno para que entreguen información sobre la contratación en compra de vacunas y logísticas como transporte y conservación, el Ministro  de Salud Fernando Ruiz responde que los contratos para la adquisición de vacunas exigen una cláusula de confidencialidad que impiden la divulgación pública de sus contenidos. Y Colombia se acogió a esas condiciones por tratarse de “una situación de alta sensibilidad que amenaza la salud pública”. “Si se hace pública la información de esos contratos se corre el riesgo de que se corten los convenios”. ¿Por qué?

Ocurre que en Colombia, enmarcada en la vergonzosa lista de los países más corruptos del mundo, las dudas, como dijimos al comienzo, no dejan de ser latentes y,  el manejo de las vacunas contra la pandemia Covid-19 no parece ser la excepción. Sobre todo después de conocer que el Presidente Iván Duque dice que acogiéndose a exigencias el Gobierno tiene garantizadas las dosis para vacunar a 29 millones de colombianos a través de la estrategia Covax y las farmacéuticas Pfizer, AstraZeneca y Janssen.

Lo que no dice es si esas 29 millones de vacunas corresponden a las dos dosis que se deben aplicar en el término de 21 días o si es de una sola. Porque también se ha conocido que el número de vacunas que se requieren es para por lo menos 35 millones de colombianos. ¿Qué se puede esperar si esa gran cantidad vacunas faltantes, y los programas de comercialización y de aplicación son entregadas y queden en manos de empresas particulares o en las EPS de salud de Colombia? ¿Se imaginan el gran negocio de esas millones de vacunas en manos privadas?

¡He ahí las dudas..!

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