5:00 am. Domingo 09 de Agosto de 2020
Opinión
5:00 am. Domingo 09 de Agosto de 2020

Esta semana, la medida preventiva tomada contra el ex presidente y senador Álvaro Uribe Vélez y la indemnización que el Estado tiene que pagar a Petro por las chuzadas del DAS, han acaparado algunos medios nacionales; los importantes abogados que defienden a ambos bandos, los noticieros mayoritarios se dividen entre uribistas y petristas y el Facebook, Instagram y Twitter se inundan y rebosan de guerras, maledicencias y ofensas entre patriotas y comunistas, traidores y matariferos, izquierda y derecha.

La justicia en Colombia, vituperada por ambos cuando ganan y/o pierden, será sometida a examen internacional si el resultado es positivo o negativo a sus intereses, sistema que hoy funciona como cuarta instancia ante las quejas sobre la imparcialidad e independencia de nuestros jueces.

Hoy, la mayoría de los colombianos se dejaron de preguntar ¿Y la vacuna para cuándo?, un asunto tan vital como sobrevivir como especie a esta pandemia ha sido relegado al rincón de San Alejo de los medios de comunicación, ante el rating que sube como agua para chocolate debido a la defensa y ataque entre estos dos personajes de la vida pública. La reforma a la justicia tomó más importancia que la reforma pensional, tributaria, de salud, educación y cualquier otra que en este país siempre han tenido el carácter de urgente.

Los niños del Chocó que tienen que montarse en un árbol para coger señal de internet, los sobrevivientes de Tasajera, las mujeres violentadas, los enfermos y muertos de COVID19, los héroes de bata blanca y sus pesares, las escuelas abiertas o cerradas, la contaminación de los ríos y la deforestación del Amazonas, el fracking, el salario aumentado de los congresistas, el contralor de Barranquilla y sus presuntos abogados cómplices, el problema de las vías, los servicios públicos domiciliarios que abusan y no le tienen miedo a los entes de control, el renacer de las FARC, Venezuela y el cartel de los soles, el narcotráfico, la corrupción, el desempleo, el dólar y el euro por las nubes, el petróleo y su precio, entre otros males, OLVIDADOS POR COMPLETO.

El cuarto poder ha tomado el control de todos y cada una de las otras facetas de la democracia, del Estado, sometiéndolo a las emociones de las masas. Efervescentes, encienden las redes con aquello que más vende, que más compran. Giovanni Sartori, investigador florentino en su obra de 1997 titulada ‘Homo Videns: Televisione e Post-pensiero” planteó lo que hoy vemos como una sociedad teledirigida, dominada por el cuarto poder, quien con su influencia manipulaba las masas; o las reflexiones de Aldous Huxley, filósofo y escritor británico en su obra de 1932, “un mundo feliz”, quien predijo que el poder sobre-informaría a través de los medios y nos llenaría de tantos datos, que obviaríamos la verdad palpable ante lo difícil que sería encontrarla.

En esta pelea de bandos, creo que ambos tienen importantes togados que representen sus intereses, pero y ¿Quién representa los intereses del individuo de a pie? ¿Y los problemas de los ciudadanos, por el hecho que gane o pierda uno u otro, se solucionan? Ya muchos están vaticinando que si gana Uribe la derecha será ultra - derecha y no dará pie a una izquierda en el poder y si pierde Uribe, Petro será el próximo Presidente de Colombia.

Si existe un Dios, que nos libre de ambas profecías: Sólo pido que gane la justicia, que en este país dejemos de matarnos entre nosotros mismos y que entendamos que el precio de la democracia es el diálogo respetuoso con el distinto, el diferente. Como vengo enseñando a mis estudiantes hace más de una década, citando al jurista alemán Gustav Radbruch: Tolerancia con los tolerantes e intolerancia con los intolerantes, es la medida de toda conversación democrática.

Recuerden mis compatriotas, que algunos apagaron la radio en el extraño triunfo de Misael Pastrana a órdenes de ya sabemos quién, que durante la toma del palacio de justicia re-transmitieron un partido de fútbol por órdenes, dicen, de la conocida ministra de comunicaciones de la época y que hoy, nos tienen en un ring de boxeo virtual para que luchemos una batalla que no nos pertenece. De nosotros depende seguir las ideas y no las personas.

Como dijo un político colombiano: “Debemos respetar la justicia como elemento tutelar de nuestro Estado” (Álvaro Uribe Vélez) y otro importante político nacional afirmó: “No creo que Colombia necesite una nueva Constitución sino aplicar la que tiene” (Gustavo Petro Urrego). Esperemos que, respetándose el derecho de defensa, el debido proceso y la contradicción, podamos como país evitar el círculo vicioso donde nuevamente entreguemos Colombia a un bando con el fin de eliminar al otro, salvando la patria y negando el poder a quien ha sido negado desde la fundación de la República, a nosotros, el constituyente primario. 

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