Universidad Metropolitana
5:00 am. Viernes 03 de Julio de 2020
Opinión
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Fue a propósito que quise hacer un alto en el camino recorrido en estos últimos tiempos. Los científicos y especialistas en sicología y sociología humana recomiendan no dejarnos imprimir de tanta “pandemia de noticias que a todo momento llenan negativamente el alma” a través de los medios masivos de comunicación incluyendo las tan desafortunadas redes sociales que inundan negativamente sobre el Covid-19.

Tanto machacar en repetideras de muertes y contagios en Colombia no es nada favorable para la salud humana. Y más en la población de Barranquilla y el departamento del Atlántico.  En mis últimas notas en este portal me he referido a la pandemia mundial que tanta víctimas ha dejado en el planeta. Y de la “tragedia” que en lo particular estamos padeciendo los barranquilleros.  

Por eso, preferí contar esta vez, parte de esa historia deportiva de los colores que nos identifica más allá de las fronteras patrias y que lleva por nombre ese sonoro monosílabo llamado Junior.  Pensando quizás que con este breve referente podamos apartar aunque sea momentáneamente el preocupante fragor del mal que nos aqueja sin misericordia.

Es esa bella y particular historia sobre los colores: rojo y blanco que refleja a la divisa barranquillera. No fue por voluntad propia de su fundadora Micaela Lavalle de Mejía, ni de sus acompañantes, en la empresa que agrupó a 18 entusiastas muchachos pretendientes de participar en la competencia que dominicalmente alegraba entornos como Rebolo, Montes y San Roque. “El parto del equipo Junior, ampliamente conocido, fue el 7 de agosto de 1924 teniendo como vientre maternal” a la señora Micaela, madre de Marcos, Gabriel y Víctor, integrantes de la escuadra bautizada primigeniamente como Juventud Infantil.

La persistencia de la gran matrona por hacerse participe en la competencia se hizo posible en 1926 en la tercera categoría, la menor entonces de la liga. Su vestimenta inicial era de pantaloneta azul y camiseta blanca con una gran “J”en el lado derecho del pecho. Colores que mantendría hasta dos años después (1929), cuando con el derecho ganado por ser campeón también de segunda, había ascendido a la primera categoría.

En 1928 con el gallardete de campeón de segunda categoría asciende a la primera, categoría máxima en la liga. En una fecha programada en la que debe enfrentar al equipo Los Monumentos, debió  modificar sus colores. El equipo Los Monumentos salta a la cancha del Estadio Moderno con camiseta blanca. Juventud Junior, nombre ya adoptado en primera categoría, por oficiar de visitante, está obligado a cambiar la vestimenta. Ante tal emergencia, se acude entonces al préstamo del uniforme de un equipo que había jugado antes. Ese equipo estaba integrado en su mayoría por jugadores del Colegio Americano.

Los colores eran pantaloneta azul y camiseta a rayas roja y blanca horizontales. Le es permitido al equipo poder cumplir con aquel juego ante Los Monumentos. A partir de entonces serían estos los colores que identificarían a la divisa de doña Micaela que tanto furor causaba en cada una de sus actuaciones. Aquel equipo de muchachos de 12 y 14 años nacido en 1924 creció monumentalmente en la categoría máxima de la Liga, a tal punto que durante la década de los años treinta y cuarenta fue considerado no solo el mejor del Atlántico, sino de todo el país.

Es necesario aclarar sin embargo que el rojo y blanco no solo identifica al Junior. También es el emblema identificante del Atlántico en competencias nacionales. En 1932, el gobernador del momento, Juan B. Fernández Ortega, oficializó los colores en la delegación atlanticense que iría a la II Olimpiadas Nacionales celebradas en la ciudad de Medellín y en donde Atlántico se coronó campeón invicto encabezado por su máxima figura Roberto “El Flaco” Meléndez.

Años antes, en 1928 en una asamblea de clubes, el presidente de la Liga Eduardo Silva Illera y el español Emilio Royo, también directivo, habían propuesto los colores rojo y blanco como divisas  del fútbol en eventos regulados por la entidad en competencias interdepartamentales, nacionales e internacionales. “Proponemos a perpetuidad para honor de Barranquilla y del Atlántico la escogencia oficial de estos colores  como divisa deportiva que habrá de sudarse  en los campos de juego, la que habrá que defenderse a toda costa, la que habrá que querer y como pendón, saludarla con la mano derecha en el lado donde está el corazón”. “Tengamos siempre en nuestra mente que estos colores- el blanco y rojo- son símbolos sagrados de nuestra fe. El blanco significa la pureza del deporte y el color rojo la combatividad del deportista barranquillero”.

Esas dos grandes razones, el rojo como la bravía de los toros de lidia para defender su causa y el blanco, la nobleza de los hombres de nuestra tierra fue la combinación perfecta. He ahí las motivaciones que nos distinguen  tanto en la rama amateur, como en el nivel profesional que con orgullo, lucen nuestros equipos.

¡Rojo y blanco, más allá de la trágica pandemia que nos agota, un respiro para alentar el alma..!

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