9:43 am. Domingo 09 de Agosto de 2020
Opinión
9:43 am. Domingo 09 de Agosto de 2020

INVITACIÓN Y CONTEXTO:

Es pertinente de antemano extender una cordial invitación a los lectores para que hagan el ejercicio de no ubicarme en algún lugar del espectro ideológico al comenzar a leer las primeras líneas de los siguientes párrafos. Dicha invitación la hago a fin de que puedan interpretar de manera objetiva, libre de polarizaciones, el análisis que realizaré sobre el devenir del Uribismo considerando los sucesos de la última semana.

La primera semana del mes de agosto el Covid se esfumó en Colombia. Pareciera mentira, pero en plena crisis pandémica el mortífero virus pasó a un segundo plano y un tema diferente apareció en los hogares de todas las familias de nuestro país. Esa primera semana del mes de agosto se convirtió en una semana álgida que nos transportó a un 2018 electoral, polarizado y sin pandemia. Una semana en la que para muchos quedará marcado con detalle milimétrico el momento en el que se enteraron de la noticia de medida de aseguramiento que recaía sobre el senador Álvaro Uribe Vélez.

Las divisiones alrededor de tal acontecimiento se han recrudecido como nunca. Esas divisiones lideradas por unos que se refieren al expresidente como MESÍAS y otros que prefieren llamarlo EL MATARIFE. Sin embargo, considero oportuno, tanto en tiempo como en espacio, hacer un análisis que vaya más allá de la discusión del MESÍAS o EL MATARIFE; por ende, un análisis que más bien permita ver de manera anticipada lo que será del Uribismo en los próximos años y que se realice bajo una óptica de no polarización, y es sobre esa base que se desarrollarán las líneas que vienen a continuación.

EL ANÁLISIS:

No cabe duda de que han sido unos días cargados de reacciones tras el dictamen jurídico proferido hacia Uribe Vélez. Reacciones en múltiples redes sociales, en medios de comunicación e incluso en las calles que habrían de estar vacías ante la pandemia que se vive. Reacciones que considero son totalmente respetables. Sin embargo, no dejan de ser sinónimo de fervor por parte de un grupo poblacional del país. Y he ahí la parte clave del asunto, estamos hablando de “UN” grupo poblacional del país, los uribistas de siempre.  

Puede que el ruido mediático y las exclamaciones que vemos en redes sociales, los #Hashtags que se convierten en tendencias, videos virales en manifestación de apoyo hacia Uribe y marchas “multitudinarias”, hagan un eco realmente fuerte que lleve a pensar que están saliendo Uribistas hasta debajo de las piedras. Pero creo que la realidad dista mucho de esta fantasía mediática que estamos viviendo. Los análisis y comentarios que se realizan a raíz de dichas manifestaciones de apoyo, los considero exagerados o en su defecto, imprecisos.

El Uribismo, lejos de estar creciendo a raíz de la medida de aseguramiento, continua el declive que ha venido mostrando en los últimos años. Es pertinente recordar que, en sus épocas como primer mandatario nacional, Uribe ostentaba unas cifras de desfavorabilidad que rondaban el 20%. Sin embargo, dicha cifra ha venido en constante aumento año tras año. En lo que va del 2020 su índice de desfavorabilidad ha estado siempre por encima del 50%, alcanzando incluso la cifra del 62% de desfavorabilidad en el mes de marzo, acorde con la encuesta presentada por la firma encuestadora IVAMER GALLUP en dicho mes.

Así entonces, lo que vemos hoy es el fervor de todos aquellos que ya de por sí eran Uribistas. El fervor de aquel voto duro que hoy se siente dolido y maltratado con la decisión de la Corte Suprema de Justicia (y seguramente con justa causa). Pero sería un error considerar que están naciendo nuevos Uribistas, distintos a los que votaron por Duque en las elecciones pasadas. Por eso es un acierto cuando en las manifestaciones Uribistas vemos mensajes como: “más unidos que nunca” o “más fuertes que nunca” y es igualmente un acierto que no veamos mensajes como: “somos más que antes” pues estar unidos no es sinónimo de que sean más.

Es decir, el análisis que procuro hacer es que, en términos mediáticos, el Uribismo se está sintiendo, pero en términos cuantitativos, el Uribismo pierde cada día.

Un segundo argumento que da fe de que el declive del Uribismo continua es una pieza angular que se debe tener en especial consideración. Hablo concretamente de los electores de la derecha moderada, aquellos electores que algún día votaron por “el que dijo Uribe", pero que con los sucesos de la última semana corroboraron sus creencias acerca de que la figura del expresidente ya no es tan atractiva como antes.

Hoy por hoy se está presentando un espiral del silencio alrededor de la situación de Álvaro Uribe. Es decir, ante el ímpetu y solidez con la que los partidarios de Uribe (el grupo poblacional de siempre, los que ya de por sí eran Uribistas y que están generando ese ruido mediático) están manifestándose públicamente, muchos electores de la derecha moderada han preferido permanecer en silencio. No tienen la necesidad de salir a combatir en redes sociales, medios o conversaciones cotidianas con el electorado que hace parte del voto duro Uribista. Esas dinámicas se las dejan a los opositores naturales de Uribe, a los Petristas. Pero allí, en ese elector de la derecha moderada, es donde realmente les han clavado un puñal a los partidarios Uribistas, es allí donde cuantitativamente hablando, están perdiendo.

Situación similar se presenta al interior del Centro Democrático donde aquellos que algún día llegaron a la corriente Uribista por conveniencia y hacen parte de una derecha moderada, se verán tentados a coger nuevos rumbos en lugar de estar a la merced del futuro del expresidente. Es normal que, ante el desgaste del líder natural de un movimiento político, se tomen decisiones estratégicas para velar por los intereses propios. Y para esos políticos de la derecha moderada, esas decisiones estratégicas implican dejar las huestes Uribistas.

No es mi intención olvidar los éxitos electorales conseguidos por el Uribismo en los últimos 18 años desde que Uribe llegó a la presidencia. Se hizo reelegir, montó presidente con Juan Manuel Santos, por poco le arrebata la reelección, vuelve a la presidencia con Iván Duque, consigue que su partido tenga mayorías parlamentarias y se hace con un espacio importante en las regiones. Tampoco es mi intención señalar que el Uribismo no tendrá un rol preponderante en las elecciones legislativas y presidenciales del 2022. Todo lo contrario. (Para mayor detalle sobre el panorama electoral de cara al 2022, leer mi columna de la semana pasada, cuando el Covid era noticia). Claro que ha prosperado electoralmente y con total seguridad tendrá un rol superlativo en las próximas elecciones donde eso sí, las alianzas actuarán como base de cualquier pretensión electoral. Me atrevería a decir incluso que podría nuevamente poner presidente. Sin embargo, eso no quiere decir que el Uribismo vaya a crecer tras los acontecimientos de esta semana pues es un movimiento político que responde a una generación que comprendía y atendía a unas dinámicas y formas de hacer política. Una generación que va de salida mientras cobran preponderancia los movimientos políticos alternativos que toman posturas fuera del panorama de la polarización.  Hoy por hoy el núcleo del Uribismo mantiene un discurso que se ha desgastado y siguen desarrollando estrategias que giran en torno a una vida política polarizada, dinámica que en el largo plazo agota al elector.

LA CONCLUSIÓN:

En síntesis, el Uribismo tiene techo y lo consiguió en las elecciones del 2018. Como ciudadanos es importante que analicemos de manera inteligente la información que consumimos a través de los múltiples medios que tenemos a nuestra disposición para que no dejemos que un ruido mediático generado por unos, nuble el pensamiento y raciocinio de otros.

Inicié el presente texto señalando que fue una semana álgida que nos transportó a un 2018 electoral, polarizado y sin pandemia, aunque pensándolo bien, pueda ser un vistazo a lo que nos depara un futuro 2022 electoral y sin pandemia, ya veremos si polarizado.

A la fecha muchos me han pedido mi opinión sobre el tema de la semana. Y quiero aprovechar el espacio para responderles a los que me han preguntado concretamente por Álvaro Uribe Vélez: NI MESÍAS NI MATARIFE. Pero lo digo especialmente porque estoy convencido de que al país le conviene pensar más allá del MESÍAS o EL MATARIFE. Le conviene pensar más allá de la izquierda castrochavista o de la derecha paramilitar (por más que yo no crea en tales expresiones). Le conviene dejar a un lado la polarización. Sin embargo, me permito invitarlos a leer mi nota final para dar cierre a la presente columna.

Nota Final: Si se preguntan por qué tomé la decisión de hacer la aclaración/invitación que hice al abrir la presente columna, es porque considero que vivimos actualmente en un país donde a una persona la tildan de Petrista o de Uribista por compartir no una, sino media opinión sobre X o Y tema. Es decir, vivimos polarizados como si fuera parte de nuestra propia naturaleza y realmente es una perspectiva que no comparto. De hecho, me pregunto o más bien te pregunto a ti, estimado lector, si ya me habrás encasillado en alguna corriente política. Pero bueno, este tema será materia de análisis en mi próxima columna, consideren esta nota el abre bocas de lo que será un argumento que invite a que siempre pensemos MÁS ALLÁ DEL MESÍAS O EL MATARIFE.

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