Universidad Metropolitana
10:38 am. Lunes 06 de Abril de 2020
Opinión
10:38 am. Lunes 06 de Abril de 2020

Hace un año los colombianos recibimos la lamentable noticia que la Empresa Fertilizantes de Colombia, Ferticol, encargada de producir, distribuir y comercializar productos petroquímicos y abonos químicos para el campo, llegaba a su fin.  Aunque se veía venir este cierre, todos guardábamos la esperanza de que se lograra la recuperación de esta empresa barranqueña.

Los muchos planes de salvamento anunciados por la Gobernación de Santander, no fueron suficientes para evitar la liquidación de Ferticol.  Aún con el proceso de liquidación en curso, el día de hoy seguimos lamentando el cierre de la que fuera la única empresa mayoritariamente pública en Colombia que producía abonos industriales para el campo.

Ferticol fue creada hace más de 50 años como un proyecto piloto de Ecopetrol, con el propósito de obtener abonos químicos localmente que permitiera el ahorro de divisas con productos de calidad y a precios razonables.  Durante los últimos años se sumió en una profunda crisis que dejó en evidencia la falta de gestión y voluntad política por parte del Gobierno Departamental y Nacional.

Pese a los duros golpes que tuvo que sortear en Gobiernos como el de César Gaviria con la “apertura económica”, Ferticol había logrado sobrevivir de la mano de Ecopetrol, hasta que para privatizar a la petrolera decidieron deshacerse de la empresa de fertilizantes, entregándola al Departamento de Santander.  El error de colocar esta empresa en manos inexpertas y sin visión empresarial la llevaron a su declive.

La falta de inversión, el mal estado en las plantas de producción, los malos manejos administrativos, la poca gestión en ventas, las maniobras políticas, los cuestionables contratos, las fallidas reestructuraciones, entre otros factores, hicieron que finalmente se anunciara la liquidación de una compañía que se podía salvar pero que no contó con la voluntad política para que así fuera.

Ni las marchas, protestas y huelgas de hambre de los 235 trabajadores que quedaron en la calle, lograron que todos se colocaran la camiseta para conseguir inversionistas que le inyectaran capital a un negocio que bien llevado tenia todo para ser rentable.  Pero la falta de estrategia, el desinterés político y la indiferencia del Gobierno le permitieron al tiempo llevarse toda posibilidad de recuperación, aumentando los pasivos.

Es contradictorio que en el 2017, cuando todas las miradas estaban puestas en el campo colombiano, como escenario principal para propiciar el desarrollo económico y social en el contexto del posconflicto, la compañía de abonos nitrogenados apagará sus plantas.  Justo cuando se necesitaba una mayor producción local de abonos industriales para el campo, se cerró Ferticol.

Que Ecopetrol haya abandonado a su suerte a esta empresa que en un principio fue su hija, es un hecho de egoísmo e irresponsabilidad social que no entendemos.

En esta coyuntura especial que estamos viviendo por el Coronavirus, los campesinos y productores agrícolas del país están sufriendo un gran impacto a causa de la escalada del dólar, que ha hecho que se encarezcan los productos del sector, que en su mayoría son importados por la falta de producción local.  Mientras que esto ocurre y avanza el proceso de liquidación de Ferticol, solo se siguen beneficiando unos cuantos en el millonario negocio de la importación de los insumos agrícolas.

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