9:57 am. Domingo 09 de Agosto de 2020
Opinión
9:57 am. Domingo 09 de Agosto de 2020

El 7 de agosto de 1819 se produjo una de las más importantes victorias de los ejércitos independentistas contra las fuerzas del imperio español. Se podría decir que ese fue el principio de la coyuntura que llevó al triunfo final de quienes enfrentaban la dominación de España en la Nueva Granada.

Con la victoria de la Batalla de Boyacá, aquel lejano 7 de agosto de 1819, Juan de Sámano, el virrey en ese tiempo, debió abandonar precipitadamente Santa Fe de Bogotá, y las huestes triunfantes de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander tomaron posesión de la capital, para darle un impulso de fondo a la construcción del proyecto de la Gran Colombia.

El 7 de agosto de 1819 provocó que los ejércitos revolucionarios controlaran el nervio político-administrativo del centro del país, asestando un duro golpe militar y simbólico a las fuerzas del rey. Pero la Batalla de Boyacá no representó la victoria definitiva de los independentistas sobre todo el territorio neogranadino.

Hubo que esperar a los triunfos por mar y tierra en varias poblaciones costeras que se habían convertido en bastiones realistas, como Riohacha, Santa Marta y Cartagena. Al menos en la Nueva Granada, en los albores de los años veinte del siglo XIX se completó el trabajo de derrota y expulsión del ejército reconquistador, que había enviado el rey español en 1814 al territorio americano.

La independencia de Colombia no se produjo en un solo día, ni fue el resultado de una sola batalla, sino que se desenvolvió en un largo proceso de más de diez años, el cual tuvo varias etapas bien definidas. La parte inicial es la llamada primera república por los historiadores.

Ese período arranca, más o menos, hacia el año 1809, con la declaratoria de independencia absoluta de Quito (10 de agosto de 1809; a la sazón, Quito era una presidencia bajo la jurisdicción de la Nueva Granada), y sigue con la independencia absoluta de Mompox (6 de agosto de 1810) y de otras ciudades y provincias, que organizaron juntas de gobierno y que dejaron a la posteridad actas en las cuales consta su declaratoria de independencia con respecto a España.

En Santa Fe de Bogotá, el 20 de julio de 1810, no se declaró ninguna independencia absoluta, como puede verificarse revisando el acta de la junta de gobierno de esa fecha, que reposa en las bibliotecas y archivos nacionales. Este hecho histórico pone en tela de juicio la celebración del día de la independencia el 20 de julio (que no hubo independencia), fecha que fue convertida en Bogotá en la efeméride más importante para la celebración de la liberación con respecto a España.

A esa etapa, en la que hubo declaratorias de independencia absoluta y juntas de gobierno autonomistas (estas no se alinearon con la independencia en un principio, como ocurrió con la de Santa Fe), se le llamó, por parte de ciertos historiadores tradicionalistas, Patria Boba, y, también, primera república, por los historiadores más contemporáneos.

La primera república no obtuvo la independencia definitiva del territorio neogranadino porque fue aplastada, posteriormente, por los ejércitos del rey, mediante una contraofensiva que arrancó por Venezuela en el año 1814. En la Nueva Granada, la represión empezó con el sitio de Cartagena por los ejércitos de Pablo Morillo, a mediados de 1815.

A ese período, que duró aquí más o menos unos cuatro años, se le conoce en nuestra historia como la reconquista española. Es decir, a la primera república (en que no se consolidó la independencia en ningún lugar) le sucedió la contraofensiva de España, la cual empieza a ceder en el centro del país con los combates decisivos del Pantano de Vargas (25 de julio de 1819) y de la Batalla de Boyacá (7 de agosto de 1819), entre otros.

Este último triunfo fue fundamental porque liberó el centro del virreinato, desarticulando al ejército realista. Además, facilitó la tarea de proseguir el proceso de liberación, organizado por Bolívar y Santander desde los llanos colombo-venezolanos, el cual no se detuvo en la Nueva Granada, pues se extendió a Venezuela y a otros territorios del sur del continente, ya en los años veinte.

Con el triunfo del 7 de agosto de 1819 los revolucionarios empiezan a darle la estocada definitiva a las fuerzas realistas, e inauguran otra etapa en el proceso de la independencia de la Nueva Granada y de los territorios circunvecinos, eliminando la posibilidad de la reconquista de estas tierras por parte del rey español.

La campaña libertadora, liderada por Simón Bolívar desde el oriente llanero, produjo la derrota de los españoles en el virreinato de la Nueva Granada, en la Capitanía General de Venezuela, en la Presidencia de Quito y, combinándose con el esfuerzo de los ejércitos sublevados del sur de América, generó la debacle final para los reconquistadores en Perú y Bolivia.

Como puede observarse, la independencia de este territorio fue un proceso complejo y gradual, que produjo la liberación a medida que aparecían las victorias en las ciudades y provincias en que había combates entre los restauradores del poder colonial y los partidarios de la independencia.

Ese fue un fenómeno inexplicable en el marco exclusivo de la Nueva Granada, pues se inscribió en una campaña general que buscaba sacar a la corona española del territorio suramericano. Y, a la luz de la evidencia histórica, presentó en nuestro país por lo menos tres grandes períodos:

La primera república, en la cual se crearon juntas de gobierno ante el vacío de poder existente en España a raíz de la invasión francesa de ese país, ocurrida en 1808; esas juntas se alinearon con la independencia absoluta o con la simple autonomía, y todas fueron eliminadas por el advenimiento de la contraofensiva realista.

La segunda etapa es lo que se conoce como reconquista española, que empezó en nuestro territorio con el sitio de Cartagena, a mediados de 1815, y se prolongó hasta 1819 en el centro del país. La reconquista arrasó con la primera república y llevó a la muerte a muchos de los líderes de ese período.

La tercera etapa es la de la victoria final, que se inicia por el centro del virreinato, con la Batalla de Boyacá y con otros combates menores, y que se completa con los triunfos en las poblaciones y regiones de la Costa Caribe, en los años posteriores. El último gran fortín español tomado por los independentistas fue Cartagena, en 1821, donde se destacó el esfuerzo del ejército del mar, al mando de José Prudencio Padilla.

Según lo analizado, la independencia no fue un acto único, sino una larga y compleja coyuntura que implicó avances y retrocesos, victorias y derrotas, por más de diez años. Esto es lo que ha hecho más difícil definir una efeméride de un solo día para recordar la gesta emancipadora.

Porque la independencia no se selló en un solo día, y porque el triunfo de los revolucionarios no fue simultáneo sino escalonado. En ese contexto, construir una fecha simbólica de un día que logre recoger la variabilidad del proceso, o que represente la independencia de todo el territorio, es prácticamente imposible.

Ese es uno de los graves problemas del 20 de julio de 1810, instituido para celebrar el día de la independencia en Colombia. Se sabe que en la primera república ninguna independencia fue la final, debido a la reconquista española, y se sabe también que el 20 de julio no representa a la independencia nacional.

El 20 de julio de 1810 no hubo una declaratoria de independencia absoluta con respecto a España en Santa Fe de Bogotá, como consta en el acta de la junta de gobierno de esa fecha. Allí solo se planteó un conjunto de peticiones y más autonomía, pero siempre en el marco del respeto por los intereses de la corona española, y de la regencia que la representaba.

Lo más adecuado para el país es revisar esa efeméride, más allá de los intereses del centralismo y de las élites bogotanas. Es decir, lo pertinente sería redefinir el asunto simbólico de las fechas de la independencia, teniendo en cuenta la evidencia que reposa en las fuentes históricas.

El 20 de julio de 1810 no puede seguir siendo el día de la independencia nacional, pues en esa fecha no se declaró ninguna independencia en Santa Fe de Bogotá. En el contexto de la coyuntura independentista, más mérito podría tener el 7 de agosto de 1819, día en el cual se produjo el comienzo del fin del imperio español en la Nueva Granada.

Aunque el 7 de agosto ofrece la misma dificultad del 20 de julio (consistente en precisar en un solo día un fenómeno multidimensional de varios años), está mucho mejor conectado con la idea de la independencia definitiva, que el invento de los bogotanos.

El 7 de agosto de 1819 sí empezó la independencia final de la Nueva Granada con respecto a España. Reinstitucionalizar esta fecha simbólica como el día de la independencia está más de acuerdo con lo que ocurrió en el país por aquellos tiempos que lo que se expresa en la espuria efeméride del 20 de julio de 1810.

Se sabe que no es fácil remover una efeméride ya sembrada en el imaginario colectivo, y, además, sostenida por el centralismo y por la tradición. Pero la obligación de los investigadores históricos consiste en poner las cosas en perspectiva, y aclarar a la ciudadanía la problemática, con miras a promover su revisión.

Que no se produzca el cambio de la efeméride (por la tradición, por las fuerzas políticas que están detrás, o porque eso no se considera importante), no es motivo para que los historiadores dejemos de hacer lo que nos compete, dentro del proceso de reelaboración de la historia nacional.

Los historiadores, los docentes y los medios de comunicación, entre otros sectores sociales, tienen la tarea de mejorar la calidad y la divulgación de nuestra historia, incluido el simbolismo de las principales efemérides. El desarrollo de una nacionalidad robusta también implica ejercer la crítica contra aquello que no nos representa bien, o que nos simboliza mal.

Es problemático mantener la efeméride errónea del 20 de julio de 1810, a sabiendas de que contiene un grueso error histórico. Sería bueno que se empezara a pensar en otra fecha más representativa y más a tono con lo que ocurrió en el pasado, como aquel 7 de agosto de 1819 que abrió la puerta para la independencia definitiva de nuestra nación.

En el marco de la independencia nacional, el 7 de agosto de 1819 es más significativo y tiene más validez histórica que el 20 de julio que organizaron las élites bogotanas. Indudablemente.               

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