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Opinión
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Decenas de ciudades importantes del país han sufrido en carne propia el desgreño oficial y sus ciudadanos han visto, sumidos en la impotencia, cómo el ideal de ciudad se desdibuja cada vez más: los servicios públicos empeoran; las deudas de los distritos se vuelven impagables; la salud no se presta por falta física de hospitales; los niños no pueden acceder a las escuelas porque los cupos son insuficientes; las calles y en general el mobiliario urbano denota que, hace décadas, están en el abandono.

La Costa Caribe también ha sido víctima de ese desgreño. Por años, Barranquilla, solo por poner un ejemplo, fue saqueada hasta “raspar la olla” por mandatarios que no solo la dejaron arruinada, sino que veían con displicencia criminal, cómo terminaba de deteriorarse  hasta sus más básicas estructuras.

Pero desde hace doce años la historia empezó a cambiar. Y aunque hay algunos que aún con los hechos tocándole la puerta se niegan a aceptarlo, hoy la ciudad no solo despegó, sino que se convirtió en la de mayor proyección nacional, tomada como “modelo a seguir” y un referente de buen gobierno que ha trascendido todas las fronteras.

Una historia de terror

Todas las encuestas posibles realizadas en los últimos cuatrienios, nos hablan de una nueva forma de ejecutar las políticas públicas, reflejada en la satisfacción del ciudadano con sus gobernantes. Políticas públicas en la que el primer beneficiado es el ciudadano. Ese mismo que hoy, gracias a una sucesión de gobiernos exitosos, le ha mejorado significativamente su calidad de vida. Pero ya lo dijimos, hechos, no palabras. Y aquí están los hechos:

Hace once años, la ciudad tenía embargos por 100 mil millones de pesos (el presupuesto estaba secuestrado en los juzgados) y el 85 por ciento de su nómina era de bachilleres y/o técnicos. El recaudo de los impuestos estaba en manos de un particular que cobraba la “bicoca” de 25.000 millones de pesos por la gestión y el Distrito estaba bajo ley de quiebras. Los aportes de la nación eran nulos y la gente no creía en el gobierno: la gota había rebosado el vaso y se había perdido la poca confianza que aún quedaba.

Los niveles de pobreza en Barranquilla llegaron a dispararse a la alarmante cifra del 43 por ciento y la pobreza extrema estaba en el 10%, por encima de los indicadores nacionales, mientras que el desempleo galopaba por el 12%.

La  poca opción para jóvenes en la educación superior hacía que los bachilleres engrosaran las filas del desempleo o el subempleo, el ocio o la delincuencia. Más de 60 mil niños, estaban por fuera del sistema escolar y cuando lo lograban, tenían que pagar con el pretexto de que la escuela necesitaba “comprar pupitres, borradores y artículos de aseo”, a pesar que la educación pública es gratuita.

Los barranquilleros no podían enfermarse porque estaban por fuera del sistema de salud: no tenían acceso a los únicos dos hospitales que, además,  estaban quebrados. Buscarle solución a esto costaba 360.000 millones de pesos.

Construcción de ciudad

Pero con los últimos tres gobiernos en Barranquilla (Alejandro Char 2008 -2011 y 2015-2019, y Elsa Noguera 2012-2015) la pobreza bajó al 20 por ciento y la extrema al 2.5 por ciento.

Los indicadores dan fe que en los últimos años, Barranquilla es la ciudad del país que más inversión pública por persona hace en Colombia y su sistema de salud hoy se exhibe como un modelo nacional con cobertura total, en el que se trabaja con énfasis en la prevención de enfermedades. Cada vez hay más “Pasos” y “Caminos” en barrios vulnerables.

Hay menos niños en las calles porque todos están dentro del sistema escolar disfrutando, además, de una educación avalada con la distinción de “máxima calidad” en varios de sus planteles. Las noticias por muertes en los arroyos, ya es historia. Once de ellos han sido canalizados con éxito y antes que termine el año, dos más serán entregados. Sobre sus finanzas, las noticias también cambiaron. Hoy el distrito tiene calificación triple A por parte de las evaluadoras de riesgo, lo que certifica que superó su dolorosa crisis financiera y hoy se erige como ejemplo de entidad territorial.

Los niños, jóvenes y adultos pueden disfrutar a plenitud de sus barrios porque más de 147 parques en el Distrito fueron entregados con un mobiliario que invita a la práctica de diversos deportes y realización de actividades lúdicas y artísticas. Barranquilla se convirtió en la capital deportiva del país con la construcción y renovación de sus escenarios deportivos, entre ellos, el monumental estadio de béisbol, exaltado a nivel mundial.

La añoranza de los tiempos pasados, por su vocación inicial de ciudad que miraba al río, fue restituida con la construcción de la Avenida al Río y su gran Malecón, obra frecuentada por propios y visitantes que devuelve la dinámica natural a una ciudad que creció a orillas del Magdalena. El Gran Malecón seguirá creciendo con la construcción de tres nuevos tramos que ampliarán las posibilidades de los barranquilleros de convivir con la principal arteria fluvial de Colombia.

Espacio para la cultura

Las actividades culturales se multiplicaron, por la misma dinámica de propiciar más y mejores espacios para ello. Se entregará la construcción de la “Fábrica de Cultura”, con una inversión de 24.000 millones de pesos, para beneficio de más de 25.000 estudiantes en las diversas disciplinas artísticas y de emprendimiento cultural, que se construye en un área de 9.000 metros cuadrados.

Se honrará el rescate de sus tradiciones con el “Museo del Carnaval”, en el que se invierten más de 11.000 millones de pesos, lo que le permitirá a Barranquilla contar con un espacio para privilegiar la memoria, conocimiento y difusión de su más grande celebración popular que se levantará adyacente a la Casa del Carnaval, en pleno corazón del barrio Abajo.

Los indicadores, cifras, obras y hechos están a la vista de todos. Los medios nacionales coinciden en hablar de forma permanente del “milagro de Barranquilla” que pasó de ser “el patito feo” para convertirse en la ciudad soñada. Esa que te enamora; que te subyuga; la misma que hoy puedes mostrar con orgullo al mundo entero.

Y porque aún hay que seguir creciendo y no bajar la guardia en este tren del desarrollo que nos ha posicionado como modelo de ciudad, la continuidad del proceso debe ser la opción.

Yo le apuesto a ello. ¿Y tú?

 

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