Willer Ditta celebra tras el gol de triunfo ante Caracas.
Willer Ditta celebra tras el gol de triunfo ante Caracas.
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Conmebol.

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Junior y el salvavidas de amor propio, cuando Luis Amaranto Perea naufragaba

La victoria ante el Caracas FC le garantiza una semana al frente de Junior.

Justo cuando los hinchas pensaron que a Luis Amaranto Perea se le estaba acabando el tiempo al frente de su equipo, sus jugadores metieron las manos al fuego para salvarle la papeleta. Fueron necesarios dos goles para remontar un partido en el que nuevamente se jugó mal. 

Si no fuera porque Junior disputó un partido con un equipo evidentemente inferior a él, podríamos hablar de hazaña. Pero la verdad es que los rojiblancos tienen la obligación deportiva -y si se quiere moral- de pasar por encima del Caracas FC, un elenco que a pesar de sus pobrezas desnudó sin esfuerzo las debilidades del equipo de Perea. 

Las habituales cifras para el análisis post partido siguen siendo las tristes de las últimas fechas. Pero sin lugar a dudas lo que sigue llamando la atención es la alta ineficiencia que Junior arrastra en los compromisos. 

Fueron nueve remates directos con peligro de gol los que tuvo que ensayar para lograr dos anotaciones. Es decir, una efectividad en los tiros al arco del 22.2%. Una proporción muy pobre. 

Además la defensa del equipo sigue recibiendo goles, sin demasiada presión y gracias a errores individuales en salida que no se corrigen ni reciben el respaldo de los otros jugadores en el terreno. Caracas tuvo un solo remate directo a puerta y fue el del gol. 

De ahí en adelante el sufrimiento del partido se prolongó hasta bien entrado el complemento. Al final, la posesión del balón del 61%, siguió siendo una mera anécdota ante un equipo lento, al que le faltó ritmo.  

No fue hasta los minutos adicionales que se logró resolver la papeleta con un golazo de cabeza de Wiler Ditta, quien celebró con pasional locura el tanto que los puso adelante. 

Parece claro que el grito del gol fue un desahogo profundo de un equipo ofuscado porque no les salen las cosas, fundamentalmente porque no entran en la sintonía de lo que les pide el entrenador. 

Junior no juega mal porque sí, ni porque quieren. Es que no logran plasmar lo que insistentemente les ha pedido Perea desde inicio del torneo colombiano. 

Pero a falta de ideas, está el amor propio, ese que llevó a Miguel Ángel Borja a pelear la bola para empatar, a Ditta para luchar el cabezazo hasta el final y a que Freddy Hinestroza haya levantado los centros para los dos tantos. 

¿Será el amor propio suficiente para poner a andar el equipo en el nivel que se necesita?

Solo el tiempo lo dirá, lo mismo que si Luis Amaranto seguirá teniendo ese elemento entre sus jugadores para que lo respalden con resultados. 

 

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